"Ya lo conocíais. Él siempre fue agradecido.
Nuestro padre, junto a nuestra madre, nos ha enseñado las lecciones más importantes de la vida, Esas que no se aprenden en los libros, sino las que solamente se pueden enseñar con el ejemplo y con el corazón.
Nuestro padre siempre fue un hombre de pocas palabras. No le hicieron falta porque supo enseñarnos con claridad.
Fuerte y luchador antes las adversidades. Siempre discreto, nunca quiso causar molestias,
Él fue un hombre cabal y de sólidos principios. Trabajador infatigable. Cumplidor con su deber, Siempre trajinando con sus serruchos, sus garlopas, sus maderas... rodeado de serrín, -haciendo sus inventos- como decía el.
Hombre sabio sin tener estudios. Aprendió a disfrutar de los libros que le daba su abuelo. -Vicente, ata las cabras y tú, lee- le decía mientras siendo niño cuidaba del rebaño, allá en su pueblo querido: Chelva, Y él leyó y leyó, y nos enseñó a amar los libros.
Ya lo conocéis. Fue un hombre desprendido y generoso, cuyo mayor tesoro era su familia. Él siempre se sintió muy afortunado por ello.
Siempre atento a ayudar no solo a la familia, sino a los vecinos, a los amigos y a todo aquel que se lo pidiera.
Por eso estáis hoy todos aquí acompañándonos, para decirle adiós. Porque sabéis que él fue un hombre, en el sentido de la palabra: bueno.
Descansa en paz, Papá."
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