-Después de cada tormenta siempre sale el sol.- Dijo el mirándome a los ojos. Mis lágrimas caían como gotas de lluvia, corrían a toda velocidad por mi cara. Resbalaban y caían sobre sus manos.
Yo seguía sin decir nada. -No tienes porque preocuparte pequeña, ahora estas conmigo.-
-¿Y si te pierdo?- dije entre sollozos. Me rozaba la mano con su mano, cada vez que me hacia una caricia me recorría un largo escalofrío por todo el cuerpo.
-A mi no me vas a perder nunca, me oyes?- De repente me acaricio la cara, me quito las lágrimas, levante la cabeza y le mire. Me di cuenta de que todo mi mundo, mi vida entera era él. Y sin querer me lancé a sus hombros, empecé a llorar como si el mundo fuese a acabar. Me abrazó fuerte durante unos segundos. Me separo de el, me miro, me volvió a secar las lágrimas. Y se fue acercando poco a poco hacia mi, cerramos los ojos, y de repente sentí sus labios en los mios.

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