Voy andando por la calle, sonriendo porque recuerdo tu sonrisa y no puedo evitar que se me escape una sonrisa. Noto como el viento sopla fuerte, me gusta esa sensación, me siento libre, miro al suelo sonriendo camino casa. De repente empieza a tronar, miro al cielo; este día tan soleado se ha convertido en un cielo lleno de nubes grises, caen las primeras gotas. No me importa, cada vez caen con mas fuerza y las gotas son mas grandes. Con el pelo empapado, las gotas de agua mezcladas con maquillaje resbalan por mis mejillas hasta llegar a mis labios. No me resguardo en ningún portal, ni espero a que se pase un poco la tormenta, continuo andando, cruzo a la otra calle. Con la ropa chipiada, y el agua subiendo por mis pantalones hasta mis rodillas, oigo mi nombre a lo lejos, me giro; te veo con tu sonrisa, con tus ojos brillando, me limito a sonreirte. Si por mi fuera cruzaría sin mirar si vienen coches, te abrazaría, pero me contengo. Ya en el portal abro la puerta, subo en el ascensor y abro la puerta de casa; me dirijo a mi habitación, me encierro en ella. Subo la persiana y abro la ventana para que entre esa brisa húmeda que me ha acompañado durante todo el camino. Me dejo caer encima de la cama, pongo la música a todo volumen, miro por la ventana. Un arco iris entre las nubes grises hace que vuelva a sonreir una vez mas y me muerda el labio inferior para contener las ganas de reír sin razón.

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